| Testimonio de la Sra. Cuiying Zhang |
| Señoras y Señores:
Mi nombre es Cuying Zhang. Soy ciudadana australiana y artista. Quisiera contarles a ustedes las atrocidades que pasé por ocho meses en una prisión china, sólo por ser practicante de Falun Gong. Comencé a practicar Falun Gong hace cuatro años. En aquel entonces sufría de artritis grave. Fueron las prácticas de Falun Gong las que me ayudaron a recuperarme de esa artritis. Gracias a mis propias experiencias, sé que Falun Gong es bueno. Decidí ir a China para relatarle al gobierno acerca de mi historia y decir unas palabras en favor de Falun Gong. Sin embargo, mi buena intención fue recibida con encarcelamiento y golpizas. La primera vez que fui arrestada, sólo estaba mirando la ceremonia del alza de la bandera en la plaza de Tiananmen en Beijing. Tres policías chinos se acercaron a mí porque sospecharon que era practicante de Falun Dafa y me arrastraron hacia auto de policía. Me golpearon vilmente. Mi rostro estaba cubierto de sangre. La segunda vez que fui arrestada practicaba Falun Gong en un parque de Beijing. La policía me arrestó y me envió a la cárcel. Me golpearon brutalmente hasta que se cansaron, y luego me amenazaron con picanas electricas. En Febrero 4 del 2000, mientras almorzaba con mi esposo en un restaurante en Beijing, fui arrestada por tercera vez. Sin proceso legal, nos encerraron junto a prisioneros sentenciados a pena de muerte. No me permitieron dormir por cinco días. La policía me forzó a mantenerme de pie, descalza, en el piso de cemento congelado. Siguieron interrogándome con la intención de hacerme renunciar a mi ciudadanía australiana, para poder torturarme aún más. Un mes después, cuando supe que el “Congreso del Pueblo”, y el “Comité del Congreso Político del Pueblo” iban a tener la reunión anual en Beijing, decidí enviarles una Carta al “Comité Central del Partido”. Sin embargo, tan pronto llegué a la aduana del aeropuerto de Beijing, los oficiales de seguridad registraron mi maleta y encontraron mi carta al Presidente Jiang Zemin y al Primer Ministro Zhu Rongji. Antes de poder explicarles, los oficiales me abofetearon en la cara tan fuertemente, que por días no pude oír. Luego fui encarcelada por otros ocho meses sin ningún proceso legal. Me golpearon, y me patearon en el suelo. Mi cuerpo estaba cubierto de magulladuras y me dolío tanto que no podía dormir. Para torturarme, en el invierno, me echaron agua helada. También me encadenaron de muñecas a pies con cadenas pesadas. En estgas condiciónes me forzaron a trabajar por más de 10 horas diarias. Como no pudieron convencerme de dejar de practicar Falun Gong, la Policía me arrojó a una celda de hombres. La condición de esa celda era aún peor, más obscura y más húmeda. Poco después me dio urticaria en todo el cuerpo, con mucha comezón y dolor. Pasé siete miserables meses en esa celda. Sin poder ejercitar mis derechos en calidad de ciudadana australiana, escribí una carta al Cónsul de Australia y a las Naciones Unidas para buscar ayuda y avisarles sobre las graves violaciones de los derechos humanos. Pero mis cartas fueron confiscadas. La Policía me quitó mi bolígrafo y aumentaron las torturas. Sin poderme expresar, utilicé una pasta de dientes para escribir un poema en mi camiseta. Después de ver mi poema me atacaron brutalmente y violentamente me desnudaron frente a la cámara de vigilancia, la cual era vista por todos los guardias. ¡Qué terrible insulto para una mujer! Debido a los persistentes esfuerzos del Gobierno Australiano, sociedades internacionales y mucha gente de buen corazón, finalmente me liberaron en Octubre del año 2000. Todas mis pertenencias, incluyendo mi dinero fueron confiscadas por la Policía China. Llegué a Sydney sin tener dinero para llamar a mi esposo. Pero finalmente tengo mi libertad de nuevo. ¡Me agradaría dar las gracias al Gobierno Australiano, las sociedades internacionales y a todas las personas de buen corazón, por su ayuda. Ya en mi hogar me di cuenta de que mi hija de 14 años, Bella, había cambiado completamente. Ella era una niña alegre y activa, y se transformó en una niña cohibida y callada, debido a su miedo a perderme. Ahora siempre tiene pesadillas. Como madre eso me entristece. El dictador chino, Jiang Zemin, es el causante de todo esto. Hoy hay decenas de miles de familias como la mía, que han sido destruidas, separadas y completamente arruinadas, tan sólo porque no accedieron a renunciar a algo que para ellos era beneficioso, como es la práctica de Falun Gong. Me gustaría aprovechar esta oportunidad para apelar al Gobierno Español y al público en general, apoyo, ayuda y protección a la dignidad y la libertad de todos los seres humanos y exponer aquí las crueldades y la violación a los derechos humanos cometidos por al dictador chino. Muchas gracias, Cui Ying Zhang |