Reportero del “Washington Post,” Nota de Discrepancias en el Suceso de Inmolación en Tiananmen en China

Reportero del “Washington Post,” Nota de Discrepancias en el Suceso de Inmolación en Tiananmen en China
(extractos del artículo del “Washington Post” escrito por Philip P. Pan 6/2/01)

“Nadie jamás la vio practicando Falun Gong”

KAIFENG, China (Servicios Exteriores del Washington Post) -- Existe un vecindario hacia el oeste de lo que en su tiempo fue esta esplendorosa ciudad llamada “Huerto de Manzana,” pero no hay manzaneros aquí, tan sólo edificios parduscos y grupos de hombres desempleados vagando en las esquinas. Fue aquí, en el cuarto piso del Edificio Seis, donde vivían Liu Chunling y su hija de 12 años, Liu Siying.

La madre era una mujer callada e introvertida, su hija una estudiante vivaz de quinto año, la cual nunca fallaba en sonreír y saludar. Los vecinos recuerdan que había algo extraño y triste sobre Liu Chunling, quien a veces le pegaba a su hija, quien consiguió alejar a su madre de edad avanzada, quien trabajaba en un club nocturno y que por dinero le servía de compañía a hombres.

Pero nadie sospechaba que Liu, de 36 años, se habría incorporado al movimiento espiritual prohibido, Falun Gong. Además, casi nadie lo notó cuando ella y su hija desaparecieron.

Luego, aparecieron allí, en la red de televisión nacional con sus cuerpos sumidos en llamas anaranjadas en la Plaza de Tiananmen.

¿Qué condujo a esta familia Lui y a tres otros de esta ciudad céntrica en la provincia de Henan, aproximadamente a 350 millas al Sur de Beijing, a derramarse gasolina en el cuerpo e incendiarse a sí mismos el 23 de Enero, en la víspera del Año Nuevo Chino?

Una intensa lucha ha empezado para contestar esta pregunta, de estas cinco personas que son consideradas víctimas de un culto malévolo, y honrados protestantes contra el gobierno represivo o gente extremadamente enajedada y al margen del rápido cambio de la sociedad

El Partido Comunista en el poder ha lanzado una elaborada campaña para utilizar el incidente como prueba de sus alegatos, de que Falun Gong es un culto peligroso, y para cambiar la opinión pública en China y en el exterior, en contra del grupo prohibido desde hace más de 18 meses y a el cual ha intentado destruir, varias veces, con tácticas violentas.

Cada día y noche los medios de difusión, controlados por el Estado, lanzan nuevos ataques en contra de Falun Gong y su líder, quien reside en EE.UU. Las escuelas han recibido órdenes de “educar” a sus alumnos sobre la secta. Se han organizado reuniones de discusión en fábricas, oficinas y universidades. Líderes religiosos de tan lejos como el Tíbet han enviado denuncias por escrito. En Kaifeng, el correo postal ha puesto en circulación un sello postal anti-Falun Gong, y 10.000 firmaron una petición pública contra el grupo.

La China además, ha utilizado el incidente para presionar a Hong Kong a que prohiba a Falun Gong, poniendo a prueba la firmeza del modo instituido “un país, dos sistemas”, el cual le permite al anterior Gobierno Británico tener autonomía sobre sus asuntos. Falun Gong existe legalmente en Hong Kong, pero el Jefe de Seguridad del Territorio advirtió el jueves, que la policía tiene la intención de prestar atención cercana a todas las actividades del grupo.

Los líderes de Falun Gong, insisten en que la familia Lui y sus acompañantes no pudieron haber sido practicantes de su movimiento, el cual promueve una mezcla entre el Budismo, Taoísmo y ejercicios de respiración tradicionales chinos. Ellos han dicho que Falun Gong claramente prohibe la violencia y el suicidio, y han sugerido que el Gobierno pudo haber preparado este incidente.

En la China, existe una tradición de suicidios con motivaciones políticas. Al comienzo de la última dinastía china, por 1640, cientos de personas prefirieron matarse en vez de vivir bajo el yugo de los conquistadores Manchú. Más de 250 años después, varios estudiantes también lo hicieron, como protesta al rechazo de la Dinastía Qing a establecer una República Constitucional. Más recientemente, innumerables chinos se suicidaron para escapar el abuso de la Revolución Cultural de Mao Zedong.

Pero no hay casi ningún antecedente de autoinmolaciones públicas. En Kaifeng, una ciudad de 700,000 habitantes que fue la capital imperial de la China, y una de las ciudades más pobladas al final del último milenio, la mayoría de los residentes quedaron confundidos ante lo que Liu y los otros hicieron.

“Ellos deshonraron a Kaifeng, y deshonraron a China frente al mundo entero. Fue absolutamente demasiado”, dijo Tang Shaohua, de 60 años, quien maneja una tienda de comestibles al doblar la esquina de la casa de los Lui.

Pero hasta en Kaifeng, existen señales de que las campañas propagandistas del Gobierno han perdido su efectividad. Varios residentes expresaron su hastío sobre la censura contra Falun Gong.

“No digo que no crea en el gobierno, pero tampoco digo que creo en él,” dijo Liu Xiaoyu, de 39 años, mientras hacía bollitos rellenos en el airoso mercado nocturno de Kaifeng. “El gobierno controla las noticias. Todos sabemos eso.”

Un taxista, Wang Chaohui, dijo que él creía que Falun Gong era una religión como cualquier otra, y expresó que sería injusto culpar a un grupo de millones de practicantes por los actos que cometieron 5 individuos. De cualquier modo, dijo que la represión brutal de Falun Gong con seguridad resultará peor para el gobierno.

“La China es diferente ahora, y ellos no pueden arrestar a todo el que crea en algo como esto,” dijo él. “Esto sólo sirve para empeorar las cosas.”

Wang dijo que la verdadera pregunta que la China debe enfrentar es el por qué tantas personas creen en algo como Falun Gong. “La gente está desencantada con la sociedad,” dijo él. “Ese es el problema.”

Al igual que el resto de la China, Kaifeng ha experimentado una clase de renacimiento, mientras que la ideología comunista ha perdido su atractivo. Desde la década pasada, un número enorme de residentes se ha aferrado al Cristianismo, Budismo, Taoísmo – y a Falun Gong. Anterior a la censura del grupo, cientos de practicantes hacían sus ejercicios de meditación en los parques.

Falun Gong ha atraído una parte representativa de la sociedad china – miembros del Partido, oficiales veteranos de la Armada, burócratas, maestros y millones de los que viven al margen de la sociedad. En Kaifeng, donde varias fábricas han cerrado y la economía se ha decaído, muchos andan en busca de algo en qué creer.

Los medios de información del Estado han dicho muy poco sobre el motivo por el cual estas personas que se incendiaron a sí mismos, se unieron a Falun Gong. Beijing negó pedidos para entrevistar a Liu Siying y los tres otros sobrevivientes, quienes están todos hospitalizados a consecuencia de quemaduras graves. Un oficial de Kaifeng dijo que solo la Central de Televisión China y la Nueva Agencia Oficial de Noticias tenían permitido hablar con sus parientes y colegas. Un señor, que contestó la puerta en el hogar de Liu, dijo que todas las preguntas deberían ser referidas al gobierno.

Pero los vecinos de Liu, en Los Manzaneros, la describen como una mujer con una vida atormentada y que sufría problemas psicológicos. Los medios de información estatales indentificaron a Hao Xiuzhen, de 78 años de edad, como su madre adoptiva. Algunos vecinos dijeron que ambas discutían con frecuencia hasta que Liu corrió a la mujer de su hogar, el pasado año.

“Algo de ella andaba mal,” dijo su vecina, Liu Min, de 51 años de edad. “Ella le pegaba a su madre, y su madre lloraba y lanzaba gritos. También le pegaba a su hija.”

También hubo preguntas sobre la forma en que Liu se sustentaba, y sobre el paradero del padre de su hija. Los vecinos dijeron que Liu no era nativa de Kaifeng, y que quien pagaba su alquiler era un hombre de la provincia Guangdon hacia el sur.

Otros, incluyendo a la vecina Wen Jian, de 22 años, dijo que Liu trabajaba en un club nocturno local y que le pagaban por cenar y bailar con clientes.

Nadie jamás la vio practicando Falun Gong.