Caminata hacia Pekín: Lo que un Hombre es Capaz de Resistir por la Libertad

(FDI 7/11/01)
Un hombre empezó un peregrinaje hacia Pekín para apelar por justicia. Había sido despedido de su empleo por practicar Falun Gong y su unidad de trabajo lo hostigaba dirariamente. Sin un centavo en su bolsillo, no le quedó otra alternativa que hacer un viaje a pie. Talvez no se imaginó las serias dificultades que encontraría en su odisea, pero una cosa permanecía clara en su mente; su misión de restablecer el buen nombre de Falun Gong.
En la mañana, del primer día de su viaje, él se encontraba lleno de energía, pero al atardecer, sufría de sed y hambre, y sentía sus piernas pesadas. Con su propósito fijo, pudo resistir estas cosas y siguió adelante, paso tras paso. Al anochecer, casi ni podía moverse. Era demasiado tímido para pedir comida, pero de repente vió una casa que tenía la puerta abierta. Caminó hasta ella y pidío agua para beber. Llenándose de valor, preguntó, "¿Tienen algo de comer que puedan compartir? Si no, no importa." Afortunadamente, aquella pareja era gente muy buena y le brindaron arróz junto a otros platos. Después de hablar con la pareja, y aclarar las mentiras del gobierno sobre Falun Gong, él les dió las gracias por los alimentos y siguió su camino. A pesar de que ya habia oscurecido mucho, siguió caminando lo más que pudo hasta encontrar un lugar donde descansar. Mientras estaba practicando los ejercicios un hombre que pasaba lo divisó e inmediátamente, detuvo un taxi para llevarlo al cuartel de policías. El practicante se negó a dar su nombre y dirección a la policía ya que no había cometido ningún delito. Él intentó escaparse, pero fue capturado y golpeado. En vez de intentar otra fuga decidió mantener la calma y explicarles a ellos los motivos de su apelación a favor de Falun Gong. Sus corazones parecieron cambiar gradualmente, disminuyeron su maltrato y lo dejaron libre la segunda noche.
Aunque se encontraba libre, sus tribulaciones acababan de empezar. Durante los siguientes días, sufrío intenso dolor en las piernas y los pies. Al principio, los ligamentos detrás de las rodillas se encontraban muy adoloridos y el dolor se hacía más intenso al hacerle presión. Luego, se formó una ampolla en su pie izquierdo por el roce del zapato. Un corto tiempo después apareció otra ampolla en su pie derecho también, así que trató de caminar afincando en los talones.
Resistiendo el dolor, caminó por 4 horas más hasta que se sentó a descansar entre la arboleda al pie de la carretera. Pero después de un descanso de medio día, sentió más dolor en ambos pies. Pensó que no debía descansar más y se dispuso a caminar lentamente afincando los en talones. Después de caminar por varias millas, el dolor desapareció. Sin embargo, cuando descansaba, sus heridas se hinchaban como si fueran a explotar. Su dolor se hacía intenso cada vez que empezaba de nuevo, pero después de varias millas, el dolor desaparecía misteriosamente. Sin haberlo notado, los ligamentos detras de las rodillas también se empezaron a curar. Pero más adelante los tendones de sus pies se tornaron extremadamente doloridos causando molestia con la menor presión.
Aunque tenía ambos pies hinchados y rojos, él decidió ignorar el dolor y seguir andando con tolerancia. De forma lenta y gradual, los tendones se curaron y las llagas de los pies se curaron en dos semanas. De repente un día, mientras caminaba, sintió un fuerte dolor en su pierna izquierda. Sintió como si el nervio ciático se le hubiera quebrado y que el músculo estuviera desgarrado. Perdió la mobilidad en su pierna. Para poder seguir caminando tenía que halar su cintura hacia arriba la cintura para mover las caderas con la pierna izquierda completa. Después de caminar así por una corta distancia, el lado derecho se le adormeció y tampoco podía moverlo. En ese entonces, solo un tenía un pensamiento en su mente: "sigue caminando." Siguió hacia delante, jadeando fuertemente, balanceándose como un pingüino. En menos de 10 pasos, su lado derecho se recuperó. Después de una corta distancia, el lado izuierdo se recobró también. Manteniendo la perseverancia en medio del dolor tremendo, se recordó de un una frase en Zhuan Falun que decía, "Cuando es difícil resistirlo, lo puedes resistir. Cuando es imposible hacerlo, lo puedes hacer."
Un día que empezó a llover se encontró, por casualidad, un impermeable, y siguió caminando. Más tarde un pequeño autobús pasó por su lado y el dueño, una persona de buen corazón, le ofreció montarlo. Como agradecimiento, el practicante le lavó el vehículo. En su conversación con la conductora, él le dijo que practicaba Falun Gong y que hiba rumbo a Pekín. La señora comprendió y le dijo, "Deseo que tengas éxito."
Mientras caminaba, un viejecito solitario le pidió una orientación. El practicante le dijo hacia donde dirigirse y le ofreció un pan de ajonjolí que alguien le había regalado. El viejecito partió el pan y lo compartió con el practicante, y los dos caminaron juntos por un rato.
Un día, el practicante se encontró con mucha comida, incluyendo una caja de arroz casi completa. Él empezó a guardar el resto de la comida para después, pero luego recordó una historia sobre los discípulos de Buddha [Buddha Sakyamuni] quienes empezaron a acumular la comida que les daban. Al recordar la historia, se dió cuenta que él no debería preocuparse por el futuro, lo cual también incluía si tuviese qué comer o no.
Se iba acercando más a su destino. Al no poder conseguir transporte de Baoding hasta Pekín, pensó que tendría andar a pie el resto del camino. El úlitmo trecho de su viaje no fue diferente a los días anteriores. El sol ardiente lo golpeaba fuertemente desde la mañana hasta el anochecer. A veces no se veía ni una sombra, tan solo un trillo de luz resplandeciente y unos cuantos árboles pequeños en ambos lados y absolutamente nada de brisa. Durante ese tiempo difícil las palabras del poema, "Escalando el Monte Tai," le dieron ánimos: "Con un carazón decidido, levanta los pies con piernas que pesan miles de libras; aguanta sufrimientos, esfuérzate por avanzar, y abandona apegos" (no es una traducción oficial de los poemas del Maestro Li.)
Cuando se acercaba a Pekín, encontró tres pedazos de un mapa de Pekín. Afortunadamente, esos pedazos mostraban las localidades donde tenía que ir. Más increible aún, se encontró un permiso para entrar a Pekín. Detras del permiso había un mapa de los suburbios de Pekín, el cual también le resultaba muy útil. Estaba sorprendido de que todo lo que él necesitaba parecía caer del cielo y justo a sus manos.
El 24 de mayo, entró caminando con determinación a la plaza Tiananmen. Ahí estaba. No había viajado todas esas millas, sufriendo innumerables tribulaciones sin ningún motivo. Frente a todo tipo de adversidad, lo que lo mantuvo vivo fue el mensaje que quería enviar al mundo. Así que con el agua de manatial que traía consigo de las montañas, escribió en la plaza: "¡Falun Dafa es bueno!"

(FDI 7/11/01 )